Homilía en el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Evangelio: Lucas 14,25-33

Mis queridos hermanos, este domingo estamos de fiesta doblemente, dos Santos italianos están siendo canonizados en Roma por el Papa Leon XIV.

San Pier Giorgio Frassati y San Carlo Acutis

Pier Giorgio Frassati: un joven que abrió el siglo XX con la frescura del Evangelio

Al inicio del siglo XX, en Turín, Italia, nació Pier Giorgio Frassati (1901-1925). Hijo de una familia acomodada, creció rodeado de privilegios, pero eligió un camino distinto al que el mundo esperaba de él. Se enamoró profundamente de Cristo en la Eucaristía, en la oración y en los pobres.

Frassati estudiaba ingeniería para servir mejor a los mineros y trabajadores, pero lo más llamativo era su vida cotidiana: escalaba montañas con sus amigos, organizaba excursiones, cultivaba amistades alegres, y al mismo tiempo dedicaba horas a visitar enfermos y necesitados en los barrios más pobres de Turín.

No era un joven perfecto, era uno de tantos, pero con un corazón encendido. Sus amigos lo llamaban “el alma de las bienaventuranzas”, porque vivía la caridad con naturalidad y entusiasmo. Murió de poliomielitis a los 24 años, y miles de pobres acudieron a su funeral como testigos de su bondad. Su lema: “Verso l’alto” —“Hacia lo alto”— sigue inspirando a generaciones.

Carlo Acutis: un joven que cerró el siglo XX y abrió el XXI con la santidad digital

Casi un siglo después, al final del siglo XX, nació en Milán Carlo Acutis (1991-2006). En una sociedad ya globalizada y tecnológica, este adolescente supo hacer de la informática un instrumento de evangelización.

Desde pequeño mostró una gran sensibilidad espiritual. Amaba la misa diaria, el rosario y la adoración al Santísimo. Su gran pasión fue difundir el amor a la Eucaristía. Con apenas 14 años comenzó a crear una exposición digital de los milagros eucarísticos en el mundo, que hoy sigue recorriendo parroquias, escuelas y catedrales en más de 200 países.

Carlo decía: “La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo”. Su vida no fue larga, murió a los 15 años de leucemia, ofreciendo sus sufrimientos por la Iglesia y por el Papa. En una generación tentada por la superficialidad, Carlo mostró que se puede vivir la santidad en los videojuegos, en internet, en la vida escolar y familiar, siempre poniendo a Cristo en el centro.

El Evangelio que reta la comodidad humana

El Evangelio de hoy nos habla de la exigencia radical del seguimiento de Cristo: “El que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo”. Pier Giorgio y Carlo entendieron estas palabras. Cada uno, en su tiempo y con su estilo, renunció a lo que el mundo les ofrecía como comodidad y eligió cargar su cruz con amor.

Frassati renunció a la indiferencia de una vida burguesa para abrazar a los pobres. Carlo renunció a vivir una adolescencia superficial y puso sus talentos al servicio del Evangelio. Ambos construyeron la “torre” de la que habla Jesús en el Evangelio: una vida cimentada en Cristo, que no se derrumba.

Una pregunta para nosotros

Hoy la Iglesia, con el Papa León XIV en Roma, nos regala la canonización de estos dos jóvenes italianos como luces para tiempos oscuros. Ellos nos recuerdan que la santidad es posible, aquí y ahora, incluso en la juventud.

Pero, después de ver sus vidas tan breves y tan fecundas, la pregunta inevitable es para nosotros:

¿Qué hemos hecho con nuestra vida, que ya puede haber pasado los 30, los 40 o los 50 años?

¿Hemos puesto nuestro entusiasmo, nuestra inteligencia y nuestro tiempo en llenar este mundo con el Evangelio, como lo hicieron Pier Giorgio y Carlo?

¿O seguimos construyendo sobre la arena de lo pasajero, sin atrevernos a renunciar por amor a Jesús?

Hoy el Señor nos llama a decidirnos. Con el tiempo descubriremos que lo único que no se pierde es lo que se entrega por amor.

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