Misa de Quinceañera

MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LOS 15 AÑOS CUMPLIDOS

Ritual de Quinceañera

SALUDO

El que preside, saluda a los presentes, diciendo estas u otras palabras semejantes:

La gracia y la paz de Dios Padre, que nos concedió el don de la vida y nos hizo sus hijos por el Bautismo, estén con ustedes. R/. Y con tu espíritu.

N., la Iglesia te da la bienvenida y se junta con tus padres y amigos para celebrar contigo este día en que celebras tus quince años. Esta celebración debe ser una acción de gracias por haber recibido la vida, así como una aceptación de los deberes que la vida lleva consigo, cuando la vives según el amor y los mandamientos de Dios.

Vivir quiere decir crecer, y crecer quiere decir madurar. Una persona madura es la que es capaz de tomar decisiones y hacer compromisos y ser fiel a ellos, aunque llegue a ser difícil cumplirlos. En este espíritu de fe, entonces, vamos a ponernos en la presencia de Dios, para reflexionar en la necesidad que tenemos de la misericordia divina y pedir perdón a Dios por nuestros pecados.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios nuestro, creador del cielo y de la tierra
que has hecho por amor a la humanidad,
y, colocándola como corona de la creación,
no cesas de embellecerla con tus favores;
mira con ojos de bondad a tu hija N. 
que hoy viene ante tu altar
para darte gracias por sus quince años de vida
e implorar tu copiosa bendición.
Concédele que en la flor de su juventud
te sirva y te ame de todo corazón
y sepa agradarte durante toda su vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Terminada la Homilía, se procede a los ritos de entrega de la Biblia, coronación, renovación de las promesas bautismales y consagración.

ENTREGA DE LA BIBLIA Y CORONACION

El Sacerdote pronuncia sobre la quinceañera esta oración una vez que ha recibido la Biblia, el rosario, el ramo de flores y demás objetos, mientras la corona de rodillas: 

«Permita el Señor que guardes en tu corazón, como un ramo de flores que nunca se marchita, los sabios y santos consejos que te ha dado su Palabra. Si sigues fielmente  la voluntad de Dios, recibirás al final la corona de la vida.»

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

N., cuando eras una niña, tus padres y padrinos te trajeron a las aguas bautismales para ser iniciada en la vida nueva de nuestro Salvador, Jesucristo.

En aquel momento hicieron una profesión de fe en tu favor y en tu nombre, la misma fe que ahora te trae ante este altar. Por lo tanto, la Iglesia ahora te pide renovar y confirmar este mismo compromiso de fe voluntariamente y con convicción.

La quinceañera se pone de pie.

Sacerdote: ¿Renuncias a Satanás?

Quinceañera: Sí, renuncio

Sacerdote: ¿Renuncias todas sus obras?

Quinceañera: Sí, renuncio.

Sacerdote: Renuncias a todas sus seducciones?

Quinceañera: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Crees en Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Quinceañera: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Crees en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, que nació de la Virgen María, padeció, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Quinceañera: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Crees en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna?

Quinceañera: Sí, creo.

Sacerdote: Esta es nuestra fe; esta es la fe la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LA QUINCEAÑERA

De rodillas, la quinceañera dice:

Señor, Dios mío,
te doy gracias por darme la vida
al crearme a tu imagen y semejanza
y por llamarme a ser tu hija en el bautismo.
Gracias por enviar a tu Hijo Jesucristo a salvarme
y a tu Espíritu Santo para santificarme.
Quiero responder que “sí”
a todo lo que tú deseas de mí en tu bondad y amor.
Con tu gracia me comprometo a servir
a mis hermanas y hermanos a lo largo de mi vida.
Me consagro a ti, María, Madre de Jesús y Madre nuestra,
Tú estás muy cerca de él
y eres mi modelo de fe,
concédeme que continuamente aprenda de ti
lo que necesito para ser una mujer cristiana.
Ayúdame a escuchar la Palabra de Dios
como tú lo hiciste,
guardándola en mi corazón y amando a los demás para que,
al caminar con Jesús en esta vida,
merezca alabarle junto a ti
para siempre en el cielo.
Amén.

El sacerdote responde:

N., que este compromiso que hoy has hecho
Dios lo lleve a su feliz término.

Prosiguen las preces y el ofertorio…

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, acepta bondadoso estos dones
que te presentamos en acción de gracias
por la vida de N. 
quien hoy te ofrece su propia juventud.
Haz que este sacrificio de alabanza
sea para ella fuente inagotable de salud, paz, alegría y santidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

La quinceañera comulgará bajo las dos especies, y preferiblemente del mismo cáliz.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Habiendo gustado los manjares del cielo, oh Padre misericordioso,
te pedimos que colmes de santa alegría nuestros corazones,
y ya que en tu bondad te dignaste recibir a tu mesa a tu hija N. 
(con sus familiares y amigos) 
concédele que imitando las virtudes de la gloriosa Virgen María, 
dé testimonio de tu grandeza en medio de los suyos, 
comunicando a todos la luz y la dulce fragancia de Cristo.
Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

OFRECIMIENTO DE FLORES A LA VIRGEN Y BENDICIÓN FINAL

Al final de la Misa y antes de la bendición final, la quinceañera un rampo de flores ante la imagen de la Virgen y hace una breve oración, mientras se entona un canto mariano o el Avemaría, y retorna a su puesto. Terminado este ofrecimiento, el sacerdote bendice a la quinceañera con estas u otras palabras semejantes:

El Señor esté con ustedes. R/. Y con tu espíritu.

Dios amoroso,
Tú creaste a todos los pueblos de la tierra
y nos conoces a cada uno por nombre.
Te damos gracias por N.,
que celebra hoy sus quince años.
Bendícela con tu amor y amistad
para que pueda crecer en sabiduría, conocimiento y gracia,
amando siempre a su familia
y siendo fiel a sus amigos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Finalmente bendice a todos los presentes como de costumbre:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, + Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

ANEXO

LECTURAS PARA LA MISA DE QUINCEAÑERA Y PRECES

PRIMERA LECTURA (Jeremías 1, 4-10)

Lectura del Profeta Jeremías:

El Señor me dirigió la palabra:
—Antes de formarte en el vientre, te elegí;
antes de que salieras del seno materno, te consagré:
te constituí profeta de las naciones.
Yo repuse: —¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar,
que solo soy un niño.
El Señor me contestó: —No digas que eres un niño,
pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene.
No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor —.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
—Voy a poner mis palabras en tu boca.
Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos
para arrancar y arrasar,
para destruir y demoler,
para reedificar y plantar.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL (Salmo 138)

R/. Señor, te doy gracias porque me has formado portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces.
Me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

R/. Señor, te doy gracias porque me has formado portentosamente.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias porque me has formado portentosamente,
porque son admirables tus obras:
mi alma lo reconoce agradecida,
no desconocías mis huesos.

R/. Señor, te doy gracias porque me has formado portentosamente.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mi ser aún informe,
todos mis días estaban escritos en tu libro,
estaban calculados antes que llegase el primero.

R/. Señor, te doy gracias porque me has formado portentosamente.

SEGUNDA LECTURA (1 Juan 4, 7-16)

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Juan:

Queridos hermanos, amémonos unos a otros,
ya que el amor es de Dios,
y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.  
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene:
en que Dios envió al mundo a su Unigénito,
para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor:
no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera,
también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca.
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros
y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

En esto conocemos que permanecemos en él,
y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y damos testimonio
de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene
y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Palabra de Dios. 

SANTO EVANGELIO (Juan 15, 1-11)

Lectura del Santo Evangelio según San Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.

Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Palabra del Señor.

PLEGARIA UNIVERSAL O PRECES

Sacerdote: Encomendemos a Dios nuestro Padre todas nuestras necesidades y preocupaciones, sabiendo que Él todo lo puede y que es eterna su misericordia. A cada petición responderemos: Te rogamos, óyenos.

Diácono/Lector: Por toda la santa Iglesia de Dios, para que extendida en el mundo entero siga proclamando el Evangelio de Ntro. Salvador Jesucristo, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por nuestro Santo Padre, N., por nuestro obispo N., y todos los que han dedicado su vida al servicio del pueblo de Dios, para que sigan fielmente su vocación, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por las autoridades civiles para que cumplan con sus deberes con justicia y compasión para el bien de todos, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por N., que celebra su cumpleaños hoy, para que siga el camino de Jesús con alegría y generosidad, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por los padres, los abuelos y los padrinos de N. para que continúen gozando el fruto de su amor en sus hijos, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por los jóvenes, particularmente por los “compañeros de fe” de N., para que tengan la fuerza necesaria de vivir según sus principios cristianos, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por los enfermos y los pobres de nuestra comunidad, para que sientan el amor de Dios por ellos a través de los que alivian sus necesidades, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por todos nuestros parientes difuntos, para que gocen de la visión de Dios en el cielo, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

Por todas nuestras intenciones personales que están en lo íntimo de nuestro corazón y por todos aquellos por quienes debemos orar, para que reciban las gracias que necesitan, roguemos al Señor: Te rogamos, óyenos.

A continuación el que preside dice esta plegaria u otra adecuada:

Dios de amor y misericordia,
escucha las plegarias que te hemos presentado,
ya que eres nuestro Bien
y sin Ti nada podemos hacer.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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