La Mirada de Dios

«El Infierno son los otros», decía Jean-Paul Sartre en su obra de teatro «A puerta cerrada», en 1944. Para él, el infierno es «el otro» porque es la mirada ajena, pesquisante que me descubre y revela… una mirada invasiva que me incomoda, disgusta y ofende; la mirada del entrometimiento, intrusa y no sólo infernal, sino «infiernizante». En estos días, en que nos ha tocado bregar más estrechamente con los nuestros, en una cotidianidad que zigzaguea entre las medidas de confinamiento y la ansiedad por volver a la vida ordinaria, bien vale «asimilar» una nueva manera de «mirar» a los otros, la manera de Jesús.

Por Rubén de la Trinidad, CM.*

El camino de la “divinización”[1]

Desde el instante en que somos bautizados, una profunda transformación tiene lugar en nuestra humanidad: empezamos a participar de la naturaleza divina. Sí, como lo estás leyendo, tu espíritu comienza a tener una comunicación con Dios[2] que debe ir “empujándote” a una divinización[3] y elevación de tu alma. La Trinidad Bienaventurada ha hecho su morada dentro de ti. Si tienes “espabilados” los sentidos interiores, irás reconociendo paulatinamente su obra santificante, que hace vibrar cada una de tus fibras, irradiando el esplendor de Cristo, ¡la gloria de todo un Dios “en acción”!

Ojo de la Providencia en la Catedral de Aquisgrán, Alemania.

Así pues, te encuentras en condiciones de comenzar a tener actitudes distintas frente a la vida, el mundo que te rodea y, sobre todo, frente a las relaciones interpersonales (la interacción con tu prójimo). Si revisamos el modo que tenemos de relacionarnos con los demás, descubriremos que muchas veces actuamos desde una “pobreza de libertad”.

“Pro-acción liberadora” versus “reacción esclavizante”

Sí, a veces, obramos a merced de las emociones, las pasiones, la ira, el impulso irracional, o la inercia social, que coartan la libre determinación que debemos tener sobre nuestro propio comportamiento. ¿Por qué no hacer un alto y empezar a pensar antes de actuar? Sucede que nos desenvolvemos en una dinámica de “acción-reacción” y nunca nos da tiempo hacer un alto antes de actuar, o cuando hacemos un stop ya es demasiado tarde.

Si me ofenden, ofendo; si me saludan, saludo; si me ayudan, ayudo; pero si me ignoran, ignoro; “a una, otra”. “Ojo por ojo y diente por diente”[4] y ensuciamos la vida con cálculos bajos. Hemos automatizado la venganza inmediata o a largo plazo en nuestro sistema de relaciones. ¿Cuál es el resultado? Nos hallamos actuando constantemente bajo la acción del otro. Nos volvemos efecto de los demás y nunca causa de nosotros mismos. Perdemos la autonomía emocional. Nuestra mirada no alcanza más allá del horizonte de los “irracionales” y nos sometemos a su nivel, sin caer en la cuenta de que estamos actuando como títeres del “oponente”. Al final, nos sentimos vacíos y utilizados, sin saciar nunca del todo nuestra rabia vengativa. Y bajo la bandera de “el que me la hace me la paga”, convierto mi vida, que está llamada a la plenitud y a la felicidad, en un campo de batalla.

La solución está en aprender a percibir con una “intuición divina”. Tenemos que aprender a ver las cosas como las ve Dios. Hemos de incorporar lo antes posible en nuestra vida “la mirada de Dios”. ¿Te suena un poco iluso o presuntuoso eso de ver como ve Dios? En seguida te explico.

La ilusión (distorsión) producida por los dos velos y los juicios temerarios

Los seres humanos estamos enfermos de una cierta “negatividad”[5]. Es muy fácil para cualquiera pensar siempre mal del otro. Es común que hagamos prejuicios infundados y tildemos con cien oprobios a cualquiera que nos defraude. Es más fácil para nosotros criticar que alabar. Pero esta dinámica es tóxica. El prejuicio nos hace vivir en una constante desconfianza y pesimismo que se posicionan como torturadores psicológicos de nuestra cotidianidad.

Cofrade de Zaragoza en Semana Santa.

Además, por el hecho de ser seres limitados, aunque libres, nos sofocamos constantemente bajo dos velos: el tiempo y el espacio.[6] Es por esto que solo podemos contar con el “aquí” (espacio) y el “ahora” (tiempo). Nunca podremos hacer un juicio perfecto sobre la otra persona, pues todos vivimos bajo la limitación de estos dos velos.

Para Dios, sin embargo, nada de esto es un problema. Dios no es “sofocado” por ninguno de estos velos. De Él dice la Biblia que es el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, eterno presente.[7] Frente a su mirada, el pasado, el presente y el futuro se hallan a la vez. Cada partícula o rincón de este universo están presentes a su mirada y conocimiento de forma perfecta y al unísono. Sin dudas, Dios mira “a lo Dios”, de manera total y completa.[8] La mirada del hombre, en cambio, es parcial, limitada, imperfecta. Dios nunca hace prejuicios porque siempre tiene ante Sí la totalidad de los datos. El hombre falla muy a menudo y mucho más cuando juzga invadido por las emociones, pasiones o con el “automático reactivo” encendido. Pero ser conscientes del contraste de ambas miradas es lo más importante en este momento: la mirada de Dios siempre lleva a la integración armónica, la mirada del hombre conduce a una dinámica reactiva y tóxica. Estamos enfermos de “la vista”.[9]

Entonces, ¿cómo es que podemos apropiarnos de la mirada de Dios si somos meros mortales? Pues bien, no se trata de robarle la omnisciencia a Dios, ni su omnipresencia, no. Se trata de una actitud de vida. Mejor aún, de una actitud de “relación”. Intentemos explicarlo.

Asumiendo la mirada de Dios

¿Te has imaginado alguna vez cómo es que nos ve Dios desde el cielo?[10] ¿Has pensado que cada ser humano representa una ínfima partícula en todo el universo?[11] No obstante, Dios es capaz de ver tus motivaciones y sentimientos más ocultos y hasta desconocidos por ti. La idea de cómo conoce y ve Dios genera mucha serenidad, pues siempre lo hace desde su inmutable misericordia.[12] Entonces, ¿se rebajaría al nivel de las simples criaturas a la hora de relacionarse con ellas? Por supuesto que no, Dios siempre actuará como Dios, lo contrario sería desnaturalizarse.[13]

La Verónica sostiene el lienzo con la Vera Faz, El Greco.

Ignora los perros que te ladren por el camino

Te pongo un ejemplo: Vas por la calle muy contento y de repente te ladra insistente e impertinentemente un perro. Continúas tu camino, pero el animal sigue fastidiándote. ¿En algún momento se te ocurriría agacharte y ponerte a ladrarle al perro? Claro que no, sería desnaturalizarte.[14] Sería hacer un cambio sustancial en tu persona por una errada percepción, o sea, por una manera equivocada de mirar las cosas y a ti mismo. Si vieras al perro como si fuera verdaderamente un “enemigo” y te enfadaras con él, terminarías no solo ladrándole, sino hasta mordiéndolo con tal de defender tu dignidad. Sin embargo, nunca ha pasado por la “mente” del perro ofenderte o lastimar tu dignidad. De hecho, el animal no conoce ninguno de estos conceptos. Por el contrario, la actitud normal para cuando un perro te ladra es seguir de largo y no hacerle mucho caso, a no ser que intente morderte. Es a esta actitud a la que me refiero cuando te hablo de la mirada de Dios. Él no padece de ira porque alguno de nosotros le ofenda, o mejor dicho, le intente ofender. Ama a todos los hombres, y a cada uno en particular, sabiendo que hay buenos y no tan buenos, santos y no tan santos. La mirada de Dios sobre nosotros es siempre de misericordia, pues conoce de qué estamos hechos, que somos limitados y testarudos. Pero siempre en su mirada hay ternura.[15] Como si hiciese llover sobre justos y pecadores una mezcla de compasión y tolerancia para empapar nuestra “reactividad irracional”. Como si un padre abrazara a dos de sus chiquillos que se pelean a puñetazos. Así es como te mira Dios cuando, “inmerso” en tu reactividad, no atinas a ver más que aliados contra enemigos, puros contra pecadores, buenos contra malos.

El secreto de la actitud “proactiva”

El secreto está en responder desde una actitud “proactiva”[16], o sea, inteligente y equilibrada.[17] Comienza a ejercitar la mirada de Dios y atrévete a repetir de corazón las palabras del divino Maestro: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Mt 23,34).La mirada de Dios es una herramienta que espera ser asumida por ti para regalarte una nueva concepción del universo.

Escultura de Moisés, Miguel Ángel.

Cuando te traten con dureza, ira, violencia, burla, u otro tipo de agresión, recuerda que la primera víctima no eres tú, que pudieras sentirte agredido, sino el agresor que sufre de cierto estado de “irracionalidad” y es esclavo de un profundo tormento subjetivo. El agresor solo da de lo que abunda en su interior.[18] Si su comportamiento es tormentoso y tóxico es porque está transparentando la tormenta y toxicidad que lo habita. Estos son dignos de lástima. Por eso debes contemplarlos con misericordia, paciencia y una sincera intención de redimirlos de ese estado tan lamentable. Tienes que mirar como mira Jesús.[19] Pregúntate: ¿cómo lo vería Dios?, ¿cómo lo contemplaría desde su altura?  Y aunque no alcances a conocer perfectamente como le es propio a Dios, caerás en la cuenta  de que Él conoce el final de la historia y su Providencia siempre actúa convenientemente. Asume esta actitud divina, te llevará a una serenidad de vida. Pacificará tus relaciones con el bálsamo de la tolerancia y la compasión.

Reconoce tu dignidad

En el bautismo has sido regenerado y elevado a una participación con la esencia divina.[20] Otros no pueden amar “a lo Dios”, pero tú sí.[21] Otros no pueden perdonar “a lo Dios”, pero tú sí. Otros no pueden contemplar las cosas, las personas y los acontecimientos como los contempla Dios, pero tú sí.[22] Pues has conocido que por tu unión con Cristo no eres tú quien hace las cosas. Es Dios quien ama en ti, quien perdona en ti, quien contempla en ti.[23] ¡Qué descanso tan placentero y seguro en la Providencia divina! Se trata de reconocer la altura de tu dignidad de hijo de Dios, sin sucumbir a la tentación de reaccionar como si no lo fueras.[24]

Mujer con velo, en el Islam.

Recuerda, cuando vuelvan a “ladrarte” o agredirte, no te desnaturalices ni te resbales al nivel reactivo. Esas almas “agresivas” están clamando por que alguien las abrace con misericordia; por que tú las pacifiques con tu perdón gratuito e incondicional. El mundo se ve mucho más bonito cuando lo miras con los lentes de Dios. Inténtalo.


Resumen: El mundo que percibimos, nuestras relaciones interpersonales, nuestros proyectos de vida, serán en gran medida matizados y determinados por toda nuestra carga subjetiva. Sí, nuestro entorno está coloreado con los ánimos que se esconden detrás de nuestros sentidos. Una mirada objetiva sobre las cosas ayudará mucho a no dramatizar ni sublimar en exceso cada una de nuestras realidades. La mirada más objetiva y realista es la de Dios, esa que es capaz de divisarlo todo sin el peso de los velos del tiempo y el espacio, desde una intensa bienaventuranza. Con esta Mirada excelente nos ha contemplado Jesús. Y ciertamente podemos participar de esta mirada divina por su encarnación. Asume la mirada de Jesús en tu vida y hallarás la clave de tu paz, una paz que el mundo no te podrá dar ni quitar.


NOTAS Y REFERENCIAS

* Caballero Maestro, OMSST.

[1] Si te interesa el tema, recomiendo este texto “SALVACIÓN Y DIVINIZACIÓN (LA LECCIÓN DE LOS PADRES)”, por Lucas F. Mateo-Seco, que puedes hallarlo publicado por la Universidad de Navarra en el siguiente link: https://core.ac.uk/download/pdf/83565072.pdf

[2] “El que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él” (1 Corintios 6,17).

[3] “La divinización (o Theosis)ha sido considerada como el plan eterno de Dios para la humanidad y consiguientemente el propósito final de la encarnación. La participación en la vida divina comienza con el Bautismo y se nutre con la Eucaristía. La celebración litúrgica transmite esta gracia salvífica a los fieles. Es un proceso en curso marcado por la apertura al amor en la fe.” De Theosis: algunas ideas fe la ‘deificación’ a través de la ‘Liturgia Divina Etiópica’, en https://www.uco.es/revistas/index.php/cco/article/view/113

[4] La conocida Ley del Talión. Cfr. Éxodo 21, 23-25: Pero si resultare daño, darás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal. También el Código de Hammurabi (1760 a.C.) dictaba que  si un hijo golpeaba a su padre, se le cortaban las manos (Ley 195); si un hombre libre vaciaba el ojo del hijo de otro hombre libre, se vaciaría su ojo en retorno (Ley 196); si un hombre quebraba el hueso de otro hombre, se quebraría el hueso del agresor (Ley 197). En  Roma la Ley del Talión estaba consagrada  en la tabla VIII de las leyes de las XII Tablas (año 450 a.C.) pero en el Derecho Romano, cuyos orígenes tuvieron por principio el restablecimiento de la justicia, la mencionada ley desapareció por completo. El Cristianismo dejó sin  vigencia la Ley del Talión a raíz del Sermón del Monte pronunciado por Jesús (Mateo 5, 38-39). Cfr. https://www.lavozdelderecho.com/index.php/opinion/item/318-ley-del-talion

[5] Consecuencia del pecado original.

[6] Cuando queremos que “se apresure” el tiempo es cuando más parece retarnos; si queremos saber lo que sucederá mañana, no podemos. A veces cargamos con el pasado como con un bloque insoportable y condenatorio que nos limita y nos impide levantar la frente. Por otro lado, nunca podemos estar en más de un sitio a la vez, aún cuando navegamos en la web. Estamos obligados a esperar un “tiempo” para llegar de un sitio a otro. Se hace casi insoportable cuando esperamos que llegue el bus y nunca llega, o cuando nos quedamos atascados en un embotellamiento. Hoy mismo se nos hace una eternidad el estado de cuarentena a causa de la pandemia del Covid-19.

[7] Cf. Isaías 41, 4; 44, 6; Apocalipsis 1, 8. 17; 2, 8.

[8] “Sus caminos (los del hombre) están ante él (Dios) en todo tiempo, no se ocultan a sus ojos”. (Eclesiástico 17, 15).

[9] Cf. Mateo 6, 22-23.

[10] Entiéndase “cielo” como “su condición divina”, no como un sitio.

[11] Reza el Salmo 62, 9: Los hijos de Adán no son más que un soplo, todos los hombres, una apariencia: todos juntos en la balanza subirían más leves que un soplo. 

[12] “Que así dice el Excelso y Sublime, el que mora por siempre y cuyo nombre es Santo. «En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los humillados.” (Isaías 57, 15).

[13] “No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira.” (Oseas 11, 9).

[14] San Josemaría Escrivá dice en su maravilloso libro Camino, 14: “No pierdas tus energías y tu tiempo, que son de Dios, apedreando los perros que te ladren en el camino. Desprécialos.”

[15] “Mas tú, Dios nuestro, eres bueno y verdadero, paciente y que con misericordia gobiernas el universo. Aunque pequemos, tuyos somos, porque conocemos tu poder; pero no pecaremos, porque sabemos que somos contados por tuyos. Pues el conocerte a ti es la perfecta justicia y conocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.” (Sabiduría 15, 1-3).

[16] Entiéndase lo contrario de “reactiva”, que es automática e irracional.

[17] Recomiendo esta lectura, si quieres adentrarte aún más en el tema de la “proactividad” frente a la “reactividad”: https://www.menteforense.com/agresividad-reactiva-y-proactiva/

[18] “De la abundancia del corazón habla la boca.” (Mateo 12, 34).

[19] Cf. Lucas 10, 33; 15, 20.

[20] Cf. 2 Pedro 1, 4.

[21] “Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo” (Lucas 3, 36).

[22] “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mateo 5, 48).

[23] “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2, 20).

[24] En el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1691, podemos leer: “Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz del Reino de Dios” (San León Magno, Sermón 21, 3).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close