Los Caballeros Trinitarios de cara a su XII Aniversario: quiénes somos y por qué tú también podrías estar llamado a esta Milicia

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…

El próximo 23 de octubre, fiesta de San Juan de Capistrano, la Hermandad de Caballeros y Damas de la Santísima Trinidad cumplirá doce años de fundada. Doce años desde aquel día del año del Señor 2014 en que, en el Santuario de Nuestra Señora de la Merced, en La Habana, nació esta fraternidad que hoy cuenta con caballeros y damas en más de una veintena de países.

Al acercarnos a este XII Aniversario, hemos querido ofrecer a nuestros lectores —a los hermanos de siempre y a quienes nos descubren por primera vez— un recorrido completo por nuestra identidad: qué es la Hermandad, cuál es su finalidad, cuáles son sus principios y pilares, cómo se organiza, qué significan sus armas y quiénes son sus patronos celestiales. Y al final, una invitación que brota del corazón: súmate a nuestra Milicia si compartes nuestro llamado.


I. ¿Qué es la Hermandad de la Santísima Trinidad?

La Hermandad de Caballeros y Damas de la Santísima Trinidad es una fraternidad católica internacional integrada por caballeros y damas, que pueden ser asociados en calidad de miembros efectivos o agregados, y cuya finalidad principal es extender y custodiar el Reino de Dios en el mundo, utilizando para ello todos los medios lícitos y posibles que la Iglesia recomienda para la misión y el apostolado. La Hermandad exhorta a cada uno de sus miembros a la excelencia y a la santificación personal en su propio estado de vida, para que, viviendo en el espíritu caballeresco y conformando un verdadero ejército espiritual, militen por el Reinado de Cristo entre los hombres.

El nombre: OMSST

En sus estatutos, la asociación asume el nombre latino de Ordo Militum Sanctissimae Trinitatis (OMSST), aunque en español seguimos usando con cariño el término «Hermandad». Conviene precisarlo: entendemos «Orden» por su significado en el lenguaje caballeresco —instituto, sociedad o fraternidad formada por caballeros—, y no en el sentido canónico de una orden religiosa. Tampoco debemos confundirnos con la venerable Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos fundada por San Juan de Mata en el siglo XII: somos una fraternidad de fieles nacida en nuestro tiempo, con carisma y estatutos propios. Y cuando decimos «Caballeros», entiéndase siempre que incluimos igualmente a las «Damas», corazón y fortaleza de nuestra fraternidad.

Las dos notas que nos definen: contemplación y combate

Desde su nacimiento, la Hermandad se caracteriza por dos notas principales: la contemplativa y la combativa o caballeresca. Nuestros miembros son animados a unir el espíritu de oración y contemplación al espíritu de la Caballería Cristiana. El monje y el soldado, la celda interior y el campo de batalla espiritual: esa doble alma, que animó a las antiguas órdenes de caballería, la vivimos hoy traducida al lenguaje del apostolado contemporáneo, donde las armas son la oración, la formación, la caridad activa y el testimonio público de la fe.

Fieles a la Iglesia, abiertos a los hermanos

Los Caballeros de la Trinidad profesamos adhesión y fidelidad al Romano Pontífice y al Magisterio auténtico de la Iglesia Católica, y nos ponemos al servicio de los más pobres y necesitados. Nos declaramos hijos fieles de la Iglesia, sin que ello disminuya nuestro carácter ecuménico: en calidad de miembros agregados pueden asociarse también fieles de las Iglesias Ortodoxas y de la Comunión Anglicana, para «luchar en fraternidad» por el Evangelio y la extensión del Reino de Cristo. A estos hermanos se les pide, entre otros requisitos, rezar por las intenciones del Papa.


II. Nuestra finalidad: que Cristo reine

La Hermandad está consagrada a la Santísima Trinidad para la extensión de su Reino entre los hombres. Nuestro carácter «militante» nos lleva no solo a procurar la extensión del Reinado de Dios, sino además a defender sus valores en caso necesario. Y esta «lucha» es más que una acción espiritual como la oración: implica el compromiso social y una incidencia concreta en las realidades temporales, a fin de impregnarlas con los valores evangélicos.

La extensión del Reino comporta una doble realización:

El Reinado de Cristo en cada persona. Para que Cristo reine en el mundo, es necesario primero que reine en cada individuo. Todo caballero o dama ha de procurar que Cristo reine en su propia vida mediante la conversión, buscando una vida de santidad entendida como vida de «excelencia». El acto de donación que se realiza el día de la investidura significa precisamente esa entrega y sumisión de la propia persona al Señorío y Reinado de Jesucristo.

El Reinado de Cristo en la sociedad. Cristo mismo vino a enseñar y sembrar el Reino de Dios, y ese reinado es causa de felicidad —de bienaventuranza— para el género humano. Por eso la Hermandad se empeña en que la instauración del Reinado de la Trinidad no se quede en el ámbito personal y privado, sino que arraigue y se manifieste en la vida pública y civil, en todos los ámbitos posibles de la sociedad.


III. Los Tres Principios: Caridad, Verdad y Mística

La Hermandad milita bajo tres principios que se yerguen como una bandera; son líneas conductoras que deben distinguir y sazonar toda nuestra actividad y la vida de cada uno de nuestros caballeros y damas: Caridad, Verdad y Mística, unidos en el espíritu de la Caballería.

Caridad

Por «caridad» entendemos la praxis adecuada de la vida cristiana, que implica la vida moral entera: la guarda de los Mandamientos, las Bienaventuranzas, la Ley de Cristo, resumida en el doble mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Los Caballeros de la Trinidad estamos llamados a vivir en un «estado de caridad» y a impregnar de amor nuestra cotidianidad. Contra el amor no hay ley, y vivir en la caridad es participar de la esencia, la vida y el obrar mismo de Dios. Este amor ha de ser afectivo y efectivo, misericordia creadora y patente, que no se confunde con el asistencialismo ni con la mera filantropía. El principio de la caridad nos guarda de la mediocridad y de reducir el amor a actos puntuales y eventuales.

Verdad

La «verdad» es el mensaje, la palabra, el Evangelio traído por el Verbo de Dios, mediante el cual el Padre ha querido decir su palabra definitiva a la humanidad: una verdad recibida, guardada y entregada con fidelidad. Este principio implica el estudio asiduo y permanente de la doctrina cristiana, asido al Magisterio de la Iglesia, y se extiende a todo aquello que sea útil para la vida del hombre: lo saludable, lo bueno, lo excelente — la formación cristiana y humana integral. El que es fiel a la verdad es hijo de la luz y nunca será alcanzado por el caos de la oscuridad.

Mística

La «mística» es la espiritualidad que debe caracterizar a los caballeros y damas en cuanto camino de unión con Dios. Es —lo decimos con imagen caballeresca— una adarga contra la secularización y el materialismo de nuestro tiempo. La oración y la contemplación no son un adorno de nuestra vida: son el escudo que nos protege en el combate espiritual de cada día.

Estos tres principios están grabados en nuestro blasón: la flor de lis con sus tres pétalos —caridad, verdad y mística— ceñidos por un aro inquebrantable, que representa el espíritu caballeresco que ha de animar a todos los miembros de la Hermandad.


IV. Los Cuatro Pilares: como la primera comunidad apostólica

Nuestros estatutos prevén cuatro prácticas que tienen su origen en las primeras comunidades apostólicas. Las llamamos «pilares», pues son como cuatro columnas sobre las que se asienta el funcionamiento habitual de la fraternidad. Según narra el Nuevo Testamento, la primera comunidad perseveraba en la doctrina de los Apóstoles, la comunión entre hermanos, la fracción del pan y las oraciones (cf. Hechos 2, 42). La Hermandad guarda estos mismos pilares, adaptándolos a las circunstancias actuales:

1. Catecumenado y formación permanente

Los miembros efectivos de la fraternidad siguen una formación intelectual permanente. Los aspirantes a la membresía efectiva necesitan haber recibido el sacramento de la Confirmación o hallarse en preparación para recibirlo. La Hermandad procura siempre que sus caballeros y damas reciban una buena formación teológica, espiritual, humana y profesional.

2. Ágape y fraternidad

Contamos con una celebración comunitaria llamada «Ágape»: un espacio de convivencia fraterna en ambiente familiar, cuyo objetivo es crear lazos afectivos y de profunda amistad entre los miembros. Es el lugar propicio para conocer la realidad de vida de los cohermanos, donde reina un espíritu celebrativo y alegre, y donde suele compartirse un pequeño brindis o refrigerio.

3. Eucaristía

Cada domingo, todos los caballeros y damas efectivos participan en la Santa Misa —obligación que corresponde, de hecho, a todo católico bautizado— y son exhortados a una participación activa en la celebración. Y algo que nos define: los Caballeros Trinitarios no participamos en una «Misa aparte»; lo hacemos con la comunidad cristiana local, en nuestra parroquia, plenamente insertos en la vida ordinaria de la Iglesia.

4. Oración comunitaria y personal

Celebramos regularmente —por lo general cada semana— un encuentro de oración abierto a todos los fieles, en el que nos unimos a la oración universal de la Iglesia con el rezo de la Liturgia de las Horas. El rezo diario del Oficio Divino es un aspecto esencial de la jornada de nuestros miembros efectivos, junto a otras prácticas muy recomendadas: el Santo Rosario y el Trisagio a la Santísima Trinidad.


V. ¿Quiénes pueden pertenecer? Grados de membresía

En la fraternidad existen dos grados de pertenencia: los miembros efectivos y los miembros agregados, además de la figura del escudero.

Miembros efectivos

Son admitidos como miembros efectivos solamente hombres y mujeres católicos practicantes que hayan recibido el sacramento de la Confirmación o estén próximos a recibirlo. Gozan de plenitud de derechos dentro de la fraternidad, tienen voz y voto, y contraen un compromiso estrecho de deberes y obligaciones. Solo ellos pueden recibir la investidura, y sus promesas de servicio en la Hermandad son para toda la vida.

Escuderos

Quien aspire a formar parte de la Hermandad —o haya sido invitado a ella— solicita su admisión por escrito o mediante el formulario requerido; el Cabildo de la Encomienda correspondiente puede aceptar o rechazar la solicitud. Durante su tiempo de probación, los aspirantes son llamados «escuderos» y «escuderas», en fiel continuidad con el itinerario formativo de la caballería histórica: nadie nace caballero; se forja.

Miembros agregados

Pueden asociarse como agregados hombres y mujeres que no aspiran a un compromiso total con la fraternidad. A ellos pueden sumarse no solo católicos, sino también fieles de las Iglesias Ortodoxas y Anglicana. Los agregados no contraen las obligaciones ni adquieren los derechos propios de los efectivos: solo se les pide el compromiso mínimo de la oración por las intenciones del Santo Padre, las necesidades más apremiantes de la Iglesia y toda la Hermandad, sus obras y sus miembros.

Existen además, dentro de la membresía agregada, los capellanes, amigos y benefactores —quienes simpatizan con el espíritu de la Hermandad y colaboran con sus obras de apostolado— y los Caballeros y Damas a distancia, gracias a los cuales la fraternidad se ha extendido por el mundo mediante un sencillo compromiso de oración y fraternidad. La Hermandad se reserva siempre el derecho de admisión.

Donación e investidura: los ritos del ingreso

Dos actos marcan el ingreso pleno en la fraternidad. La donación es el acto en el que el escudero, emitiendo sus promesas, se entrega o «dona» al servicio de la Hermandad. La investidura —ceremonia también llamada «cruzamiento e investidura», que incluye el acto de donación— es la celebración ritual en la que el candidato entra a formar parte de la fraternidad como miembro efectivo. Ese día, el nuevo caballero o dama se consagra también formalmente a la Virgen Inmaculada.


VI. Cómo nos organizamos: Encomiendas, Prioratos y Maestrazgo

La Hermandad se organiza a tres niveles: local, nacional e internacional, según lo previsto en el capítulo XI de nuestros Estatutos.

Las Encomiendas. Cada comunidad local se llama Encomienda: la representación más pequeña de la Hermandad. Puede ser cualquier fraternidad local que se reúna periódicamente en una parroquia o misión, o una obra de otra índole bajo custodia de los Caballeros. La preside el Caballero Comendador o la Dama Comendadora; su órgano de gobierno es el Cabildo de Encomienda, cuya reunión se llama Junta de gobierno; cuando se reúne toda la Encomienda, hablamos de Junta general.

Los Prioratos. Las Encomiendas de una misma nación se agrupan en un Priorato, gobernado por el Caballero Prior o la Dama Priora al frente del Cabildo Prioral. Por la extensión de algunos países o el número de Encomiendas puede haber más de un Priorato por país, y estos pueden organizarse también por grupos lingüísticos. Donde la Hermandad aún no está plenamente establecida, o donde la mayoría de los miembros son agregados, pueden erigirse encomiendas y prioratos titulares, con sus Comendadores y Priores titulares.

El Maestrazgo. A nivel internacional, la instancia que preside y regula la vida de toda la Hermandad es el Cabildo Supremo, con el Caballero Maestro (o Maestre) a la cabeza. Solo pueden ser elegidos Maestres los caballeros o damas que hayan sido Priores o lo sean al momento de su elección. El Cabildo Supremo tiene su sede en la Encomienda de La Habana — testimonio permanente de nuestras raíces cubanas.


VII. Nuestras armas: teología hecha heráldica

El escudo tricolor

La Hermandad usa blasón tricolor en honor de la Trinidad: los tres colores primarios significan las Tres Divinas Personas. Así como todos los colores tienen su origen en los tres primarios, el universo entero tiene su origen en la Trinidad Santa. La cruz plena de San Jorge, roja, representa a Cristo Redentor: es la misma cruz que porta siempre el Resucitado en las representaciones artísticas tradicionales. Descansa sobre campo azul, la cúpula celeste, imagen de Dios Padre que todo lo gobierna y sostiene con su providencia. La flor de lis dorada al centro mismo de la cruz representa al Espíritu Santo que unge a Cristo, el Ungido; y es, en sí misma, signo trinitario y fraternal: tres pétalos unidos por un aro inquebrantable, como los tres principios de la fraternidad unidos en el espíritu de la Caballería. La corona que en ocasiones remata el escudo habla de la excelencia con que deben coronarse todas las obras de la Hermandad y la vida misma de sus caballeros y damas, y alude directamente al Reinado de Cristo por el que militamos.

Bandera y estandarte

Nuestra bandera y estandarte siguen los atributos del escudo: cruz roja de San Jorge sobre paño azul, con flor de lis amarilla al centro. Con frecuencia, junto a nuestro estandarte tricolor, ostentamos el estandarte de San Jorge: con ello significamos que nuestra fraternidad entronca con toda la tradición militante de la caballería cristiana y se suma a las «huestes» que luchan bajo la bandera de Cristo.

La Cruz recruzada

Ostentamos también la Cruz recruzada como insignia distintiva propia: aquella cuyos cuatro brazos forman otras tantas cruces. Su significado es que la Cruz de Cristo se extiende a los cuatro puntos cardinales, tal como ha de extenderse su Reino a toda la humanidad. La asumimos por su significado, por su impronta caballeresca y porque no es patrimonio exclusivo de ninguna de las caballerías existentes.

El lema: «Quis ut Deus?»

Nuestra divisa es la exclamación «Quis ut Deus?» — «¿Quién como Dios?», que se remonta a la etimología hebrea del nombre Miguel (Mi-kha-el). Es el grito del Arcángel frente a la soberbia de Lucifer, y expresa el corazón de nuestra espiritualidad: el reconocimiento humilde y militante de la soberanía absoluta de Dios frente a toda soberbia humana o angélica.


VIII. Nuestros Santos Patronos

Los Caballeros y Damas nos consagramos al servicio de la Santísima Trinidad, titular y razón de ser de la fraternidad. Dentro de esa consagración fundamental:

La Virgen Inmaculada, Reina de nuestra Milicia. La Hermandad tiene una predilección especial por la Madre de Dios y se enorgullece de celebrar su Inmaculada Concepción. A ella se consagran formalmente los caballeros y damas en el acto de donación, el día de su investidura.

San Miguel Arcángel, Príncipe de las huestes celestes, patrono y protector de la Caballería Trinitaria, cuyo nombre-grito de batalla es nuestro lema.

San Jorge Megalomártir, patrono universal de todos los caballeros cristianos, por quien sentimos —siguiendo la antiquísima tradición caballeresca— gran admiración y devoción. Su cruz roja ondea en nuestra bandera: la misma que ostenta el Señor Resucitado en su pendón pascual.

Y no olvidamos a San Juan de Capistrano, en cuya fiesta —el 23 de octubre— nació nuestra Hermandad y cuya memoria marca cada año nuestro aniversario fundacional.


IX. Nuestras líneas de acción

Sobre los cuatro pilares y en función de los tres principios, cada Encomienda despliega su apostolado según las necesidades de su comunidad:

Formación de los fieles: establecer espacios de catecumenado y formación permanente donde no los haya, sin métodos exclusivos, usando los recomendados por la Iglesia universal y al servicio de la Iglesia local.

Liturgia y Eucaristía: convocar a la oración comunitaria con la Liturgia de las Horas, procurando que el Oficio Divino se celebre digne, attente ac devote —dignamente, con atención y devoción—, y velar con el mayor empeño por la dignidad y el decoro de la celebración eucarística y de todas las celebraciones litúrgicas.

Ágape y fraternidad: crear espacios de convivencia tan variados como las personas y culturas con las que se celebra, promoviendo el espíritu de fraternidad y solidaridad cristiana.

Apostolado de la misericordia y misión evangelizadora: el compromiso con el servicio a los más necesitados, corazón operativo del principio de la caridad.

A ellas se suma nuestro apostolado digital: este sitio web —que se acerca ya al cuarto de millón de visitas—, nuestro canal de YouTube y nuestra presencia en Facebook, Instagram, Telegram, Spotify y Pinterest, desde donde sembramos homilías, catequesis, hagiografías y formación para el combate espiritual en el corazón del continente digital.


X. ¿Y si ya vivo otro carisma en la Iglesia?

La Hermandad no excluye de su membresía ni se opone a quienes viven algún carisma válido de los múltiples que han nacido en el seno de la Iglesia, movidos por el Espíritu Santo. Cada uno ha de discernir hasta qué punto su estado de vida o el derecho propio de su instituto le permite comprometerse, y qué grado de pertenencia le conviene. Los laicos, por lo general, no tienen impedimento canónico para pertenecer a una o varias asociaciones. A los sacerdotes, religiosos y religiosas que se vean impedidos para un compromiso más estrecho, se les exhorta a la membresía de agregados, pudiendo servir como capellanes, amigos o benefactores. Y un detalle que dice mucho de nuestro espíritu: el estado clerical no distingue en cuanto a derechos entre los miembros, fuera del trato honorífico debido a la dignidad sacerdotal — porque aquí todos somos, ante todo, hermanos.


XI. Doce años después: la invitación

Querido lector: si has llegado hasta aquí, quizás no sea casualidad. Quizás el Señor esté tocando a la puerta de tu corazón con una pregunta antigua y siempre nueva: ¿estás dispuesto a vivir tu fe con nobleza, con excelencia, con espíritu de milicia?

Mira lo que la Trinidad Santa ha hecho en doce años: una fraternidad nacida en una iglesia de la Habana Vieja extendida hoy por más de veinte países; escuderos que perseveraron; caballeros y damas que emitieron promesas para toda la vida; agregados que sostienen a la Hermandad desde tierras lejanas con la fuerza silenciosa de su oración. Ese es nuestro verdadero tesoro. Y queremos que tú formes parte de él.

El mundo de hoy necesita caballeros y damas. No de espada y armadura, sino de oración y caridad. Hombres y mujeres que no se conformen con una fe tibia; que estudien la Verdad y la defiendan; que amen con obras y no solo con palabras; que hagan de su vida interior una adarga contra el materialismo; que militen —en su familia, en su trabajo, en su sociedad— por el Reinado de Cristo.

Tú puedes ser uno de ellos. No importa en qué país vivas: puedes agregarte a la Hermandad como Caballero o Dama a distancia mediante un sencillo compromiso de oración y fraternidad. Y si aspiras a más, las puertas del escuderaje están abiertas para iniciar tu camino hacia la investidura y la entrega de por vida.

En este año de nuestro XII Aniversario, la mejor manera de celebrar no es mirar al pasado, sino engrosar las filas del futuro. La mies es mucha. La Trinidad Santa llama. La Reina de nuestra Milicia espera.

¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios!


¿Deseas unirte o saber más? Visita nuestra página Únete a la Hermandad, será un honor recibir tu solicitud.

¡Feliz XII Aniversario a todos los Caballeros y Damas de la Santísima Trinidad! Que la Trinidad Santa siga bendiciendo nuestra Hermandad.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Deja un comentario

search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close